La FILBo y el INCI, hacia la integración de las personas con capacidades distintas

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Fotografía, Emilio Ortiz en la Filbo
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La creación literaria siempre es una buena noticia. Los niños y las niñas que se han presentado y los jóvenes adultos al Concurso Nacional de Cuento en Braille,   convocado por el INCI, han plasmado sobre un papel o sobre el teclado de un ordenador aquello que necesitaban contarnos al mundo entero. Sí, al mundo entero.

Cuando alguien escribe puede que lo haga para sí mismo o para que lo lean determinado número de personas, pero de una manera u otra, la creación siempre provoca un ‘efecto mariposa’. Allá donde alguien expresa algo bien sea ficción o realidad, a través de historias inventadas o a modo de carta lo que sale de su imaginación, o lo que en realidad le ha ocurrido, se generará una energía que se propagará por suerte de modo endémico por todo el universo. Esto no es mística, es psicología colectiva y universal. En el momento que una persona escribe, niña o adulta, su vida mejora y por tanto mejora la vida de quien tiene alrededor.

Algunos de los relatos presentados al concurso poseían fuertes trazas autobiográficas. Otros manifestaban el deseo, o más bien la necesidad, de contarse a uno mismo cosas que le han sucedido en su vida, plasmándolas artísticamente a través de personajes inventados. Toda escritura tiene algo de terapéutico.

La literatura es un bien innato que todos poseemos, la plasmemos sobre el papel o no. Siempre en nuestra mente surgen historias por mucho que a uno la vida le haya convertido en un adulto carente de la capacidad de soñar despierto, pero tenemos que tener en cuenta que esta literatura que podríamos denominar natural, salvaje o primitiva no llegará jamás a convertirse en arte si no somos previamente lectores.

Conozco por experiencia propia la enorme dificultad que un niño ciego tiene para acceder a las fuentes culturales y de conocimiento. Esta dificultad en absoluto tiene nada que ver con la ceguera sino más bien con el desconocimiento de como tratarla. Los medios técnicos, el braille, los sistemas de lecto-escritura, la computación para personas ciegas y la tiflotecnología son herramientas muy útiles para el acceso a la cultura y para abrirle al invidente una ventana al mundo que de otra manera tendría cerrada.

Más necesarias que las cuestiones técnicas es la preparación humana del entorno del niño, maestros, padres y terapeutas. Estos jamás deben ver la ceguera como un impedimento al desarrollo personal. Ciertamente vivimos en un mundo visual, cada vez más la dictadura de las pantallas se impone en nuestras vidas. Por tanto, deberemos crear para los niños ciegos un mundo paralelo en plena sintonía con la realidad de los demás. A través del oído, del tacto, el gusto, el olfato, pero sobre todo a través de la enorme sensibilidad que puede llegar a tener una persona con deficiencia visual, el niño podrá acceder con medios técnicos o sin ellos a una información que le hará más libre y por tanto más fuerte.

La sociedad civil, las instituciones y la política deberían implicarse con las asociaciones de colectivos de personas con discapacidad con la intención de generar las condiciones materiales y formativas óptimas que estas personas necesitan.

Una sociedad en la cual las personas discapacitadas en general y las ciegas en concreto estén formadas e integradas será una sociedad justa pues le habrá concedido a estas lo que precisan, pero también será una sociedad más fuerte porque tendrá la oportunidad de conocer hasta dónde puede llegar alguien a quien le falta uno o varios de los cinco sentidos  o que carece total o parcialmente de movilidad funcional.

Ha sido un enorme placer haber podido participar como escritor en la Feria Internacional del Libro de Bogotá FILBO y como jurado en el Concurso Nacional de Cuento en Braille del INCI. Además, felicito a dicha institución por aportar este grano de arena a la gran montaña que debe ser la lucha continua de los derechos de la discapacidad y al resto de miembros del jurado y a los participantes por dar al unísono un pequeño gran paso en el camino hacia la integración total de nuestro colectivo.

 Fotografía, Emilio Ortiz

Autor:
Emilio Ortiz
Escritor ciego y autor de ‘A través de tus pequeños ojos’

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