El fútbol sonoro se viste de tricolor

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Juego de Fútbol para ciegos
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Cuando llegó a los correos institucionales la invitación a escribir sobre el deporte inclusivo: La participación de personas ciegas en el deporte, en la primera persona que pensé fue en el compañero y amigo Hermes Armando Cely Ocaño, un ser que admiro por su destreza y habilidad para orientarse y movilizarse. Un excelente deportista, que ha contado con muchos reconocimientos en el deporte y que ha  hecho que las barreras se vuelvan invisibles.

Esta admiración por su capacidad ayudó a despertar mi curiosidad tanto que en cada tertulia que podíamos compartir alrededor de un café, las preguntas se volcaban a saberlo todo.

El escucharlo se había  vuelto un mundo fantástico, cómplice de tantos recuerdos que merecen ser reconocidos. Hoy veo esa  oportunidad y quiero que los lectores conozcan a través de sus voces cómo ha sido esa historia del futbol sonoro, cómo fue su experiencia en ese maravillo mundo de infancia que los ha llevado a ser los mejores deportistas de Colombia. Recuerdo un día en especial en el que hablábamos de ello y una sonrisa algo pícara iluminó su  rostro; y como si fuera la mejor de las experiencias, esto fue lo que me contó.

El deporte para las personas ciegas en Colombia se remonta al año 1973, aunque ya, desde los años 70, en los institutos para niños ciegos se venían haciendo algunas prácticas, aunque más de tipo recreativo. “Jugábamos con latas de betún como una forma de recreación, nos encontrábamos en los recreos, nuestra mayor alegría era correr, hacíamos filas humanas en forma de tren, nos tomábamos de los hombros y un compañero de baja visión, que por supuesto era seleccionado por sus habilidades y liderazgo, nos servía de conductor. Y como dice el viejo refrán “en el mundo de los ciegos el tuerto es rey”.

Cada rincón del instituto para niños ciegos se volvía el escenario perfecto. “Día a día íbamos explorando nuevas modalidades de juego, asumíamos mayores riesgos, los profesores nos veían correr por todo el instituto, todos cogidos bajábamos a gran velocidad por la escalera como alma que lleva el diablo”.

“Los primeros ensayos de fútbol o mejor de Futlata los hicimos utilizando un tarro de betún, de polvos mexana o frascos de desodorante. No importaba el material que fuera, o metálico o de plástico; pero una condición que no podía faltar era que fuera sonoro”.

Cada uno tenía un papel en el juego, “los arqueros eran los chicos ciegos, quienes tenían que acostarse cual largos en el piso a una distancia más o menos entre 2.50 a 3.00 metros. Las personas que hacían el gol eran, por supuesto, las que alcanzaban a ver algo, en este caso, las que tenían baja visión”. Pero eso sí, una de sus reglas para jugar este futlata era que la lata no se podía levantar de la superficie, pues la idea era que pateara a ras de la superficie, de esta manera el arquero, quien estaba acostado, tenía toda la posibilidad de taparlo. “Claro, que si el delantero era una persona muy hábil,  podía  lanzar el objeto de tal manera que por alguno de sus constados y con un golpe certero nos hacía cantar el GOL”.

El deporte se siguió transformando. Entre los 70 y los 80 se pasó de un balón de lata a un balón de plástico y se conformó, dice Hermes Cely, “el primer club deportivo de personas ciegas en Colombia, que se llamó Grupo de Estudiantes Universitarios GEP”.

Con este nace parte de la estructura que hoy nos rige y se inicia la conformación de los primeros clubes deportivos. Hablo del Club Deportivo Valores Humanos, Club Condor, ANDECRAC, Club los Pumas, en Bogotá y clubes deportivos en el Valle del Cauca, Antioquia, Eje Cafetero, Bucaramanga, y  Pasto. Actualmente hay figuras deportivas con discapacidad visual en casi todo el territorio colombiano.

El fútbol de ciegos cambia radicalmente, se empieza a jugar con las reglas del microfútbol internacional, con  cuatro jugadores de campo, un arquero, árbitros y a campo abierto; sin vallas, o mejor dicho, como se juega el microfulbol de deportistas convencionales. Con balón de plástico, que se conseguía, dice él, en los almacenes Tía o en el Ley. “Les abríamos un hueco en la superficie más dura del balón, con el fin de que pudiéramos meter los cascabeles o campanitas, ¿recuerda? son esos cascabeles que se colocan en los zapatos de los bebes”.

Aquí es donde se pone en juego la destreza de cada deportista y se empiezan a implementar algunas modificaciones, por ejemplo, “el arquero pasa a ser una persona con baja visión, al igual que el mediocampista o pase gol. Esto con el fin de que las personas ciegas se desempeñaran mejor a la hora de patear al arco y se pudiera concretar el gol.  Siempre era mejor tener reservas, pues cada vez que se pisaba un balón de estos se desinflaba y tocaba parar el partido para poderlo arreglar ¿Se imaginan? soplar hasta que el balón plástico volviera a adquirir su forma esférica y así poder dar continuidad al juego”.

Con este tipo de balón se jugó por algunos años más. Hasta que en el año 1992 Colombia es invitada a participar en los Juegos Latinoamericanos en Sao Paula (Brasil). “Allí conocemos por primera vez un balón en cuero, nunca hasta ese momento se había jugado con ese tipo de balón”.

Como dato adicional, les quiero contar que los balones han venido siendo elaborados por los presos de las diferentes cárceles del Brasil, siendo una medida de trabajo. Por cada balón que ellos elaboran, los reclusos adquieren beneficios en su rebaja de pena.

Por supuesto Colombia no quedó ni entre los finalistas, pues el manejo de ese tipo de balón era nuevo para ellos, diferente en su manejo técnico, ameritaba un tiempo de práctica. Fue una gran oportunidad para que Colombia adquiriera este tipo de balón en su disciplina futbolística.  España les obsequió a los jugadores que fueron al torneo un balón que era de cuero, pero que tenía un llavero por fuera donde se le colocaban unas latas de gaseosa para que tuviera sonido y esto permitiera el reconocimiento de su ubicación. Las latas y el balón de plástico pasaron a ser recuerdos  del pasado.

Fue en ese campeonato latinoamericano en donde se conformó por primera vez un comité de fútbol 5 para ciegos y se empieza a hablar de campeonatos nacionales e internacionales, estableciendo con ello un nuevo reglamento.

En 1997 Colombia participó oficialmente en el Torneo Latinoamericano de Fútbol 5 para Ciegos, que se llevó a cabo en Asunción (Paraguay). El propósito era  clasificar al primer mundial de fútbol para ciegos y se cambió radicalmente tanto el concepto del arquero de baja visión como el medio campista.  Ahora el arquero pasa a ser una persona vidente y los cuatro jugadores de campo son ciegos.

Se empieza con un nuevo reglamento de juego, el cual sigue siendo vigente hasta la fecha:

  • Se les vendan los ojos a los jugadores con un parche oftalmológico y alrededor se les colocan esparadrapo para que se tenga la certeza de que no se puede ver, garantizando con ello la equidad en el juego. Fuera de eso, se les coloca una venda elástica alrededor de la cabeza.
  • El piso de la cancha debe ser liso. Con medidas de 20 metros de ancho por 42 metros máximo de largo.
  • En los arcos no debe haber ningún tipo de sonido que distraiga la atención del deportista.
  • El balón debe ser sonoro.
  • Según el reglamento, los jugadores siempre deben avisar de alguna forma que van por el balón, del cual sale un sonido que les indica por dónde rueda.

Las reglas básicas son las mismas del futsal (fútbol de salón), con las siguientes adaptaciones:

  • El arquero, el entrenador y el guía ubicado detrás de la valla rival tienen la función de orientar a los jugadores. Atrás de cada arco se ubica un guía. Cuando uno de los equipos está cerca de la portería en la que debe anotar, el guía empieza a guiarlo en forma verbal, para que este tenga la información suficiente para poder “chutiar” o patear y así anotar un gol.
  • El jugador defensivo que intenta quitarle la pelota al jugador que la tiene en su poder debe avisar gritando "voy" o "go", en inglés.
  • Debido a que el sonido resulta esencial para los jugadores, el público y los miembros de los equipos no autorizados para comunicarse con los jugadores, debe mantenerse en estricto silencio durante el juego, con excepción del momento del gol.

Con la Ley 181 de 1995, se dictan disposiciones para el fomento del deporte, la recreación, el aprovechamiento del tiempo libre y la educación física y se crea el Sistema Nacional del Deporte. También se da inicio a que el deporte asociado de las personas con discapacidad cuente con una regulación jurídica. El fútbol para ciegos, también conocido como ‘fútbol sonoro’, empieza a ser considerado deporte paralímpico desde 1996. 

Ya en el 2000, con la Ley 582, se promueve la conformación de grupos asociativos con el único fin de demostrar sus destrezas en el deporte. Se define el deporte asociado de personas con limitaciones físicas, mentales o sensoriales y se conforman clubes deportivos, ligas deportivas y la federación deportiva. Se crea la primera liga deportiva en el país para personas con discapacidad visual, la “Liga de Deportes de Limitados Visuales de Bogotá”.

En el 2004 se realizan en Colombia los primeros juegos paranacionales y empiezan a  surgir otras selecciones de futbol para personas con discapacidad visual en el país. Se destacan los clubes del Valle, de Bogotá, de Cundinamarca y de Antioquia, que desde aquella época se han caracterizado por ser las zonas en donde mejor se juega fútbol para ciegos en Colombia.

Estas ciudades también contaron con instituciones en donde las prácticas recreativas con balones de lata, carreras en las escaleras, trenes humanos y balones de plástico permitieron  que los niños y jóvenes ciegos y con baja visión  se convirtieran en grandes representantes del deporte colombiano.

Colombia cuenta con ligas en Atlántico, Arauca, Bogotá, Boyacá, Caldas, Cauca, Cesar, Cundinamarca, Huila, Meta, Nariño, Quindío, Risaralda, Santander, Antioquia y Valle. Para finalizar, la Selección colombiana participó en el Mundial para Ciegos, que se jugó del 7 al 17 de junio en Madrid (España) y en el que Brasil resultó campeón. Por eso el fútbol sonoro se viste de tricolor.

 

 Carlos Parra Dussan Director General Instituto Nacional para Ciegos - INCI

Autor:
Patricia Montoya
Profesional de Asistencia Técnica del INCI
Instituto Nacional para Ciegos - INCI

 

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