El motor de nuestro quehacer

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Edición Número 85

No deja de ser curioso y sorprendente para mí volver a encontrar este año a muchos de los funcionarios de otras entidades con las que hemos hecho gestión y trabajo hace ya varios años.

Algunos los he podido encontrar con ocasión de un evento que pretendemos realizar y que evoca necesariamente la época en que promovimos y generamos la norma técnica de Accesibilidad Web, cuando varios funcionarios y entidades nos articulamos alrededor de esta temática.

Otros los he encontrado en eventos recientes y otros más nos han contactado para asesoramiento ya desde otras entidades en las que laboran, pero sí han sido varios y es lo que me sorprende.

Han sido gratos de verdad estos casuales encuentros, que me han permitido rememorar y reflexionar sobre mi rol como servidor público.

No sé la verdad quien soy desde la perspectiva de quienes reciben nuestros servicios, aunque creo saberlo ya que yo mismo genero lo recibido, pero no conozco su percepción precisa, salvo mediante las encuestas que sobre los servicios hacemos, y que definitivamente, no nos dicen esa opinión fresca y tranquila desde lo impersonal y fraterno del accionar cotidiano. O tal vez sí tengo algo de ello, la perspectiva de algunos beneficiarios de los servicios, que hoy se han convertido para mí en verdaderas amistades.

Conecto estas reflexiones y remembranzas con algo que he aprendido de la accesibilidad, con la que he convivido y de la que he aprendido mucho desde hace algunos años: Es necesario conocer y hacer bien las cosas, para que con ello como base, podamos incorporar lo necesario para que los entornos, sean cuales sean, permitan desempeño de todos los usuarios o por lo menos de la más amplia mayoría.

Y es que de verdad es necesario concebir y diseñar bien las edificaciones, los servicios, los espacios, las tecnologías y todo, para que desde ese mismo momento podamos prever lo necesario para permitir un desempeño por todos.

Reflexionábamos con una compañera del Ministerio de Educación hace algunos meses, cuando me decía que lo de hacer bien las cosas no aplica solo a los entornos, sucede también con las personas y lo aplicaba a los docentes, si ellos son buenos y realizan su trabajo de la mejor manera, incorporar lo necesario para la atención a todos no debería ser tan difícil, pero por el contrario, cuando nos quejamos, cuando no somos receptivos, cuando no cambiamos y evolucionamos, es más difícil generar lo necesario para brindar la mejor atención. Por supuesto eso no es de docentes solamente, es de todos como profesionales y como funcionarios.

Todos consideramos que hacemos siempre las cosas bien, pero eso no es suficiente tal vez, ese revisar, reacomodar y cambiar permanentemente es algo que nutre para generar nuevas y mejores cosas.

Mi desempeño funcionario durante alrededor de veinte años, deja un nostálgico balance de satisfacción, por lo menos en términos de lo personal y profesional, que en materia de logros e impacto, lo dirán mejor los usuarios de nuestros servicios, que se harán esta reflexión y objetivamente sabrán quiénes somos y cómo hemos generado lo que se requiere para mejorar las condiciones de muchas personas en este país.

Un saludo muy especial a todos los servidores públicos, a quienes les auguro muy buenos balances y ojalá, la certeza del impacto que genera su labor en los ciudadanos colombianos, que debería ser el motor del quehacer.

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